Nota del autor (o sea mia): Está vez si lo voy a escribir en primera persona.

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En la vida lo importante no se trata de como te vistas, ni de donde vivas, ni de que automóvil tengas. Lo importante es el interior. Y depende de lo que tengas es como la gente te percibe y siente.
Por eso mismo tomaré las irónicas clasificaciones de julio Cortazar en "Historias de Cronopios y de Famas".
Para Cortazar existen 3 clases de personas: Los cronopios, los famas y los esperanzas".
Los cronopios son felices y disfrutan de la vida. Las famas son frías y metódicas. Las esperanzas son dejadas y no les importa mucho de nada.
Yo no se como podría clasificarme con uno de estos seres, ya que para mí solo existen los dejados, los agachados y los gringos, así que haré un esfuerzo para tratar de autoevaluarme.
Lo más cercano a alguno de estas características es al esperanza, que prefiere contar los días hasta cuando México sea el estado 55 de EUA. La esperanza duerme y descansa en la tranquilidad de su cama. A la esperanza le gusta soñar en que tiene una vida mientras mira por la ventana a esos contentos cronopios y a esas respetables famas.
Las esperanzas no se preocupan por lo que será, prefieren recordar con nostalgia el pasado, estudiarlo durante días mientras se dicen para si mismos: “Ah…los viejos tiempos…”. Soy de origen sedentario, me gusta la soledad y la oscuridad de la sombras en una esquina de mi cuarto escuchando al silencio. El esperanza como yo, disfruta de ver las estrellas mientras escucha el cantar de los grillos.
Como algún tipo de padecimiento sociópata odiamos las fiestas alocadas, ruidosas y desagradables. Preferimos leer un libro mientras disfrutamos de comer en la suavidad de las sábanas de nuestra cama.
Mientras dormimos nos gusta escuchar ese tétrico golpecito que suena en los relojes.
Nuestra relación con los cronopios y con las famas es singular. Pareciera que no nos importa ninguno de ellos, pero no es así. En realidad solo observamos su comportamiento. Para nosotros, los cronopios son unos farsantes hipócritas que solo buscan impresionar a todos con sus ingenuidades. Las famas por otro lado, se nos hacen sumamente desagradables, ya que encuentran su felicidad en cosas estúpidas y aburridas que no tienen ninguna complicación.
Así somos las esperanzas y yo.